El proyecto para lograr una reserva de urogallos que frene su extinción pasa ahora por conseguir que la pareja que ya comparte cercado acepte reproducirse.
Él es de León y pesa ya 2,5 kilos. Ella, un kilo menos y procede de la reserva de Muniellos. Ambos residen en un cercado en Sobrescobio y son los únicos supervivientes de una partida de trece huevos. Con esa remesa, el Principado inició a principios de verano el proyecto para conseguir una reserva de urogallos cantábricos. En estos momentos, el éxito del mismo reside en que esta pareja de apenas tres meses de vida acabe apareándose algún día y sumistrando nuevos polluelos al Parque de Redes.
Con esa esperanza están siendo cuidados por una profesional del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC). Ella es la única autorizada para acceder al recinto y tratar a los animales. «Así les evitamos el estrés que provoca el contacto humano», comentan en la viceconsejería de Medio Ambiente. La experta entra todos los día en la jaula. Les suministra los insectos de los que se alimentan en esta primera etapa y chequea su estado físico.
Sabe que trata con una especie débil hasta el extremo. Dos de los polluelos con los que se inició el proyecto murieron antes de cumplir un mes, a causa de una infección que los veterinarios no pudieron atajar ni con antibióticos.
«Si en un lugar tan protegido la tasa de supervivencia es tan baja, qué no ocurrirá en el medio natural», apunta el naturalista Vicente Suárez, de la asociación Ecos Astures. No existe un censo actualizado de la especie, pero en círculos científicos se da por «inevitable» su extinción.
En 1998 el urogallo cantábrico recibió la consideración de «especie vulnerable». En 2005, «la situación se ha visto agravada por una acusada reducción de su población y por el acentuado fracaso reproductivo». Así lo describía la orden de la entonces ministra Cristina Narbona, que daba un paso más y consideraba al animal «especie en peligro de extinción».
Reserva de genes
Para evitar la total desaparición de esta subespecie el Principado habilitó el centro de cría y reproducción de Sobrescobio. El proyecto técnico sugiere que así se lograría un reserva de genes de la especie además de ofrecer un plantel con el que, en el futuro, reforzar poblaciones en libertad. «El objetivo en estos momentos no es cuidar a la pareja y soltarlos luego; lo que queremos es que se reproduzcan y formen una colonia», apuntan en Medio Ambiente.
Para ello habrá que esperar. En su hábitat natural, los urogallos tardan entre dos y tres años en alcanzar la madurez sexual. «Aquí vamos a ver lo que pasa, pero confiamos en que se lleven bien», señalan desde la viceconsejería.
De momento, lo que ha quedado en suspenso, al menos hasta junio del año que viene, son los intentos de recolectar más huevos de los criaderos naturales para la reserva.
fuente/elcomerciodigital.com/