A Maximino Riera le conocimos hace poco más de un par de décadas cuando él ya había sacado adelante importantes proyectos empresariales (como Lagisa) y formado una fraternal y ejemplar familia. Estaba, pasados sus 65 años, ansioso de conocer la naturaleza asturiana que no pudo haber pisado antes; y nos pidió que, junto con Carmen Piñán y su hija Esther, fuésemos a conocer esos lugares apartados que no eran, hasta entonces, visitados por él.
También se sumaron al grupo, en ocasiones, sus yernos Fernando Landa y Ramón Tejuca, así como su hija Hilda, entre otros amigos. Con él paseamos en largas caminatas desde la Garganta del Cares (que le maravilló sobremanera) al bosque de Muniellos y su entorno, pasando por los montes de Degaña, Covadonga, el Sueve, las Foces de Llaímo, la Olla de San Vicente, la Senda del Oso, la Peña de los 4 jueces, los lagos somedanos o la calzada de La Mesa…
Maximino Riera siempre iba mirándolo todo, hablando con los lugareños y preguntándoles una y mil cosas, informándose y mostrando su apoyo a las gentes del campo.
Con nosotros era fraternal y agradecido de ir a esos lugares; y nos animaba en todos los proyectos naturalistas, literarios, excursionistas o de educación ambiental, en especial a seguir adelante con los reportajes en este diario y las marchas del Naturaleza y Cultura o de Recreo en la Naturaleza.
En programas de la TVE y de Canal 10 pudimos entrevistarlo y charlar con él sobre el monte y sus habitantes… Su simpatía y buen saber era algo que motivaba; por eso siempre le tendremos en el recuerdo, como un gran amigo y maestro, que te enseña a cada paso y cada consejo que te da.
fuente/elcomerciodigital.com/